Tendencias

Looksmaxxing: cuando la mejora estética se convierte en obsesión para los adolescentes

El looksmaxxing, una tendencia que busca maximizar el atractivo físico mediante rutinas extremas, gana terreno entre los más jóvenes. Especialistas advierten sobre sus riesgos para la salud mental, impulsados por estándares inalcanzables y la presión de la aceptación social.

Publicado el 17 de julio de 2026, 11:35 hs

Adolescente mirándose al espejo con productos de skincare y pesas, reflejando obsesión estética
Infobae — Tendencias

El looksmaxxing no es solo una palabra de TikTok. Se trata de un conjunto de prácticas que van desde rutinas de skincare estrictas y entrenamiento físico intensivo hasta intervenciones más agresivas como el mewing (colocar la lengua contra el paladar para supuestamente definir la mandíbula), el uso de dispositivos de tracción ósea o incluso cirugías estéticas tempranas. Lo que empezó como consejos de grooming en foros masculinos de internet se convirtió en un fenómeno global que hoy capturan principalmente a varones adolescentes y jóvenes.

Según alertas de la Cleveland Clinic, este comportamiento está fuertemente influenciado por la búsqueda de aceptación social y por la difusión constante de ideales físicos que, en la mayoría de los casos, resultan inalcanzables. Los algoritmos de las redes sociales amplifican contenidos que muestran “antes y después” espectaculares, creando la ilusión de que una transformación radical está al alcance de cualquiera que se esfuerce lo suficiente. El problema aparece cuando ese esfuerzo deja de ser autocuidado y se transforma en una fuente de ansiedad constante.

Los especialistas en salud mental observan con preocupación cómo el cuidado personal se desdibuja en presión. Señales de alerta incluyen que el adolescente dedique varias horas diarias a analizar su apariencia, evite actividades sociales por sentirse “insuficiente”, compare obsesivamente su rostro o cuerpo con influencers o sufra episodios de dismorfia corporal. En los casos más extremos, el looksmaxxing puede derivar en trastornos alimentarios, abuso de suplementos sin supervisión o decisiones quirúrgicas irreversibles tomadas a edades muy tempranas.

Lo que resulta particularmente inquietante es el cruce generacional: estos jóvenes crecieron con filtros de Instagram como norma estética y con una cultura digital que premia la optimización constante. El cuerpo y el rostro dejan de ser parte de la identidad para convertirse en un proyecto de mejora perpetua, medido en likes, matches y comentarios. La promesa implícita es que ser más atractivo resolverá problemas de autoestima, relaciones y hasta oportunidades laborales, una ecuación que rara vez se cumple.

Desde el punto de vista sociológico, el fenómeno refleja una transformación más amplia: el tiempo libre y la construcción identitaria de los adolescentes migraron masivamente a las pantallas. Lo que antes podía resolverse en un club deportivo o en salidas con amigos ahora se procesa en soledad frente a tutoriales que prometen “ascender en la escala de atractivo”. Esa soledad digital multiplica la vulnerabilidad emocional.

Los expertos recomiendan observar si el grooming saludable se convierte en rigidez. Una rutina de ejercicio o cuidado de la piel es positiva; cuando esa rutina genera culpa, aislamiento o malestar físico, deja de serlo. Hablar abiertamente sobre estándares irreales, limitar el tiempo frente a ciertos contenidos y reforzar otras fuentes de autoestima (habilidades, relaciones, intereses) parecen ser las primeras líneas de defensa.

El looksmaxxing no es una moda pasajera sino la expresión actual de una presión estética que lleva décadas mutando de formato. Lo novedoso es la velocidad con la que llega a chicos de 13, 14 o 15 años y la profundidad con la que puede afectar su imagen corporal en plena construcción. Entenderlo no implica demonizar el deseo de verse bien, sino reconocer cuándo ese deseo deja de servir al bienestar y empieza a erosionarlo.

← Volver al blog